sábado, 10 de diciembre de 2011

La otra mirada: Renacer aprendiendo


El periódico local "DÍA A DÍA" publicó hoy una nota de Julio Moya a los chicos que entrenan y estudian en el Gimnasio "KO a las Drogas" de la Federación Cordobesa de Box, que reproducimos a continuación.

Índice arriba. Uno... Tac-tac por tres veces. Una línea. Pasaje. Olvido. Un segundo y medio para que el tabique se tapice de inconsciencia. La merca, un viento arenoso que se desparrama por el cuerpo. Guillermo inclina la cabeza. Upercutt al mentón.
Dos... Camina. Trota. Corre. Gira y vuelve. Salta a la moto. Arrebato. Sirenas. Huye Roque. Cintura contra las cuerdas. Esquive.
Tres... No me llames. Corta. No me jodás. Corta. Llama. ¿Hija vos? Ni sueñes. Cruzado. Daiana, rodilla al piso. Sangra. Campana.
Cuatro... Dame la guita, pendejo. Vino. Dame más. Cerveza. Dame más. Whisky. Elías se va. Llora. Vuelve a la calle. Hogar, amargo hogar. Recto a la garganta.
Cinco... Seda. Desarma. Vuelve a armar. Fuma. Viaja. Ríe. Ramiro bailotea al rincón neutral.
Seis... Césped, colchón. Tronco, almohada. Diarios, frazadas. Leo se agacha. Golpe bajo. Descuento de un punto.
Siete... Semáforo. Monedas. Vaquita. Criollos. Almuerzo. Gancho al hígado de Claudio. Tambalea. Cuenta de protección.
Ocho… Javier, adulto a los 14. Pelea. Expulsado. Entra. Lo echan. Entra. Lo vuelven a sacar. Entra. Lo aceptan, como es. Se queda. Puños en alto, defensa correcta.
Nueve… El cielo es un mar amarillo al fondo. Un auto en la ruta. La nada. Solo. Abre la bolsa. Una papa, dos, diez. Noventa y dos. Bolsa completa. Fernando cosecha todo. Cobra nada. Médico, revise. ¿Sigue? Sí, puede.
Diez… Vuelve Guillermo. La esquina. El dealer. Aspira. Vive otra vez. Nariz gelatina. Robo. Patrullero. Otro patrullero. Esposas. Cárcel. Nocaut en el último asalto.
De la muerte pasaron a cuidados intensivos. Los que vivieron en sus tormentos, abrazados a los fantasmas de sus carencias, están ahora allí, con el lápiz, recorriendo párrafos, empezando un largo día.
Es la media mañana. Diciembre los acompaña en el cierre de un año que ha sido tan cambiante que mirarse al espejo sería casi no reconocerse. “Estos chicos están en un plan de recuperación personal, pero más bien están en un lugar donde tratamos de crecer todos juntos”. Las palabras a Día a Día, tan suaves como la brisa que cruza desde una pequeña ventana, pertenecen a Cecilia Federico. Ella es una de las docentes que los cobija, que les enseña y que los contiene.
¿Cómo es? Un aula funciona dentro de un gimnasio. Un gimnasio es la escuela para aprender. Los golpes han castigado mucho de la puerta para afuera. En cambio, hacia adentro, las manos enseñan. Es el "KO a las Drogas" de avenida Alem. Un mapa satelital lo ubicaría en el límite justo entre barrio General Bustos y barrio Talleres.
Allí se mezclan los cuadernos, los libros y las lapiceras con los guantes, las sogas y las piñas.
Es el programa Formando en el Ring del Gobierno de Córdoba y la Agencia. Estamos muy entusiasmados y, a pesar de que nos faltan un montón de cosas, estamos encontrándonos con resultados insospechados”, cuenta Virgilio Aráuz. Simplemente, “Pato”. Él es el responsable y el motor movilizador de una historia sin precedentes: una escuela secundaria en el medio de un gimnasio de boxeo.
Se trata de un instituto semipresencial con posibilidades paralelas de desarrollarse como deportistas de alta competencia. “Y es el boxeo la madre o el padre que a muchos les falta”, cuenta Aráuz.
Pato no puede hablar. O más bien lo hace de manera entrecortada. Cada dos frases pasa un pibe y lo abraza, lo saludan, le hacen bromas y no para. Así, todo el día.
Reglas propias. El plan consiste en la contención de un grupo de chicos que están dentro de un programa de recuperación social. Problemas de drogas, principalmente, de conducta y de carencias evidentemente afectivas que los llevaron a terminar en la calle, en situaciones extremas de hacinamiento y delincuencia. Muchas caídas a la cárcel y pocas posibilidades de un desarrollo personal sustentable.
Se notan los cambios, profundos. Muchos entraron acá con evidentes signos violentos y si ves a ese pibe (señala el profe) no vas a poder creer lo que era cuando llegó”, cuenta Juan García quien mira a uno de los chicos con ternura. El pibe es Leo que abraza y abraza.
Son 80 los alumnos que cursan en esta escuela. Y casi todos son boxeadores (algunos se suman y se entrenan). “Es una escuela de tres turnos. No hay posibilidades de boxear si no andan bien en el colegio. Y eso hizo que las notas sean sobresalientes”, dice Pato Aráoz, quien además remarca que habrá algunos egresados ahora, pero que por cuestiones administrativas muchos de ellos lo harán en marzo. Igual, también ya hay algunos chicos con ingreso a la Facultad. Abogacía, idiomas y Educación Física son algunos de los ejemplos.
Yeyé Hernández, hermano del gran campeón Hugo “Pajarito” Hernández es uno de los instructores de boxeo además de Ramón Silva. “Tenemos a varios chicos que van a ser figuras. Pero se están formando como personas que es lo más importante y eso es lo que te da el boxeo”, agrega Yeyé.
Los pibes trabajan a lo loco (ver Triple turno...) y se los ve así, sumisos, concentrados y luego sueltos en las bromas. El control mental, físico y espiritual se combinan en los estados de ánimos con los que se encuentran a menudo. Los profes son los padres sustitutos. Reemplazan a esas personas que inexplicablemente en sus hogares no lo supieron hacer.
Cae la tarde. Pato está sentado. Solo. Cansado. Los pibes ya pasaron en fila. Lo palmearon, besaron y se fueron, hasta el otro día.
Esos chicos renacieron. Saben que alguien les dio una chance de empezar otra vez. Quizás cuando les llegue su hora, en su póstuma vejez, llamen a la puerta de Paco, donde esté. Le agradezcan. Y, así, recién se puedan morir. Felices.
Guillermo Gómez: Estaba muerto
Días y noches sin dormir. Un tormento. No comer. Deambular. Yirar por la calle y jugar con eso que siempre rodea en estas circunstancias: la muerte. “Hubiera estado bueno haberme dado cuenta antes. Estaba muerto, viviendo una pesadilla”, cuenta a Día a Día Guillermo Gómez en diálogo sincero, sin cuidar mucho las palabras. Es un pibe de 20 años que habla pausado, respetuoso. No parece aquel que dice que fue. Y se parece mucho al hijo ejemplar que una madre espera en la puerta de la casa. De novio, peleándola, estudiando, esforzándose y con el objetivo de llegar a ser un profe de educación física. “Soy de una familia de barrio Matienzo. No paraba de echar moco. Y por eso caí en el programa. Le pedí a mi viejo que me internara o que buscara un lugar porque no daba más”.
La droga te lleva a meterte por lugares increíbles…
A los 10 años me fui a Buenos Aires y a los 15 años empecé a consumir. Igual, a pesar de los problemas familiares y las libertades y demás que te dan ser hijo de padres divorciados, aproveché esa situación. Yo echaba moco porque me soltaron las riendas.
¿Qué consumías?
De todo, cocaína principalmente y terminé en la pasta base. Echo pelota. Me pasaba meses sin dormir. No comía, sólo me drogaba y estaba despierto, día y noche. Incluso llegué a irme a vivir solo y salía a chorear. Me alejé de mi familia porque sabía que estaba en el límite.
¿Y qué encontraste acá?
Amigos, ganas, me puse a entrenar. Viví días duros. Me quería pelear con todos antes, tenía arranques violentos, pero cuando le daba a la bolsa y entrenaba, todo iba cambiando. Y eso me ayudó. Empecé a boxear y tuve algunas peleas aunque no llegué a ser boxeador profesional.
¿Y ahora?
Llegué acá hace dos años. Me entrené, trabajé duro. No necesito nada para estar estimulado. Hoy, ya recuperado, siguen controlando todos mis actos, esto es así. Terminé el secundario y ahora estoy terminando de rendir las últimas materias del primer año de profesorado de Educación Física en el Mantovani. Y voy a empezar segundo con todo aprobado, por suerte.
El chico que cosechaba papas. Fernando Herrera (19 años) llega con lo justo. Corriendo. Se pone la musculosa y se va a vendar. Fernando juntaba papas en el campo. Trabajaba en un lugar donde ni agua había. “No soñó con estudiar. Nunca pensó que podía lograrlo y está en cuarto año. Le dieron una beca y anda muy bien”, agrega Virgilio Aráoz, a cargo del programa en el gimnasio. Y ni hablar de ese pibe, Javier (14). Lo echaron de todos los colegios por indisciplina. “Como no tiene donde estudiar se entrena y el año que viene retoma los estudios. No faltó un día al gimnasio”, cierra Pato Aráuz.

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